Padre, la luz se apaga; quédate tú encendido.

El Salmo 91 para dormir

Una página corta a propósito: está pensada para leerse una sola vez, ya con el día cerrado, y terminar en silencio.

Por qué orarlo de noche

Quizá sea la hora más natural del salmo. El versículo 5 habla precisamente del miedo nocturno — ese temor que crece cuando se apaga la luz — y generaciones de creyentes han orado estas palabras al acostarse. Orarlo de noche es entregarle a Dios las horas que no puedes vigilar: la casa, la familia, la noticia que esperas y tus propios pensamientos acelerados.

Un orden breve para la almohada

Primero · di dónde duermes

No en qué cama: bajo qué sombra. Deja que la declaración inicial cierre la puerta del día.

Salmo 91:1-2 · Nueva Versión Internacional El que habita al abrigo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío».

Después · deja que el salmo nombre la noche

Estos dos versículos fueron escritos para esta hora. Léelos una vez, despacio, y no discutas con ellos.

Salmo 91:5-6 · Nueva Versión Internacional No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela de día ni la plaga que acecha en las sombras ni la peste que destruye a mediodía.

Al final · suelta la vigilancia

Matthew Henry imaginó la ternura con la que terminan las promesas de este salmo — como si Dios encargara a los ángeles: cuídenlos, porque son queridos para mí, y tengo por ellos un tierno cuidado. Con esa frase puedes apagar la lámpara: la guardia de la noche ya no es tuya.

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